En este gélido desierto de pensamientos y nieve, despiertas a un silencio tan inmenso que parece escucharte. El paisaje se extiende hasta el infinito, cada dirección idéntica, cada sombra un eco de tu vacilación. Empiezas a caminar, no porque sepas adónde ir, sino porque quedarte quieto se siente como rendirse ante el frío mismo.